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¿Los smartphones nos hacen malas personas?


El uso excesivo de gadgets, celulares y dispositivos móviles nos ha deshumanizado y ha hecho que nos dejen de importar los demás. Al menos varios casos recientes, y un par de accidentes fatales, indican eso.

por: Carla L. G. Hurtado

Si no crees que los teléfonos inteligentes han cambiado el mundo, no has estado prestando suficiente atención. Probablemente porque estabas con los ojos pegados a la pantalla de 5 pulgadas de tu smartphone

 

Hoy en día las personas están más "conectadas” a Internet de lo que han estado antes, gracias a los teléfonos inteligentes y los datos móviles, pero ¿es toda esta conectividad la que está causando que perdamos nuestra relación con las personas que nos rodean? The Wall Street Journal explora esa pregunta en un ensayo reciente, preguntándose en voz alta si los teléfonos inteligentes nos están convirtiendo en malos samaritanos.

La autora del ensayo, Christine Rosen, cita una serie de acontecimientos preocupantes que se han suscitado en el último año, como el asesinato del joven de 20 años de edad, Justin Valdez, en un tren en San Francisco, producido cuando un hombre que exhibía públicamente un arma pasó completamente desapercibido porque todos a su alrededor estaban inmersos en las pantallas de sus teléfonos y gadgets -crimen que podría haberse evitado si los pasajeros y posibles testigos hubieran puesto un poco más de atención-.

 

Lo mismo ocurrió con el ataque a un hombre ciego en plena luz del día en Filadelfia, que también pasó desapercibido por los transeúntes. Otro caso famoso fue la muerte de un hombre que cayó a las vías del metro y fue atropellado por un tren sin que nadie hiciera ningún esfuerzo por ayudarlo.

 

Ese último ejemplo es quizás el más inquietante, ya que un fotógrafo independiente se tomó el tiempo para capturar fotos del momento de la muerte, en lugar de tratar de ayudar al hombre. Más tarde vendió esas fotografías al New York Post. ¿Será que tanta tecnología ha apagado nuestra parte humana?

 

Seguramente más de una de estas tragedias podrían haberse evitado si los teléfonos inteligentes no hubieran alterado nuestra interacción con el mundo y las personas que nos rodean -o la obligación moral y civil de ayudar al prójimo-. 

 

Rosen tiene un punto fuerte en este tema. ¿Cuántos videos no encontramos en Youtube donde se presencia violencia, peleas o asaltos? Actos en los que nadie hace nada, pero sí se dan el tiempo de grabar video y tomar fotografías, material que irá a parar a alguna red social bajo el título: “Esto debe parar”, “Debemos hacer algo”, “El mundo está muy mal”. Resulta bastante irónico –y da coraje– ver que piden acción ante estos actos de violencia cuando fueron ellos los primeros en no hacer nada cuando estuvieron presentes mientras ocurría. 

“Nuestro uso de la tecnología ha cambiado de manera fundamental, no sólo nuestra conciencia en el espacio público, sino nuestro sentido del deber hacia los demás”, escribe Rosen en su ensayo. “Estamos más comprometidos con las pantallas brillantes frente a nosotros, en lugar de con las personas que nos rodean, a veces sinceramente no se dan cuenta lo que está pasando (…) Si todo el mundo está filmando una emergencia, ¿quién se encarga de intervenir en ella?”, pregunta. 

Sin duda es un articulo muy interesante y enriquecedor que vale la pena leer para reflexionar hacia dónde nos está llevando –o arrastrando– tanta tecnología. La tecnología y todos sus inventos se pensaron con la finalidad de ayudar al ser humano, no para resolver todas las tareas. 

 

No hay una aplicación para todo, y hasta la fecha no se puede imprimir una nueva vida en una impresora 3D. Éste resulta ser un buen momento para empezar a cambiar ciertos hábitos en nosotros y darse cuenta que hasta hace 20 años no teníamos ni un teléfono celular, cosa que no nos impedía vivir. 

 

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